Wednesday, July 22, 2009

Loss Reminds Us of God's Gift of Life

By Marifer Cortes
Diocesan Office of Small Faith Communities

Since the death of my grandmother three years ago, my immediate family and I had not lived through the loss of a family member. It wasn’t until the beginning of June of this year that we experienced the tragic loss of another close member of our family, my father’s older sister. She was diagnosed with cancer and in three weeks time the Lord called her to be by his side.

The news of my aunt’s illness made me realize that life is too short and that I need to enjoy it as much as I can with the people that I love. It is truly amazing how we can let the small things lead us away from the true meaning of life. With the loss of my aunt, all of us in the family reflected on our lives and it created a bond between us that I had not felt in a very long time. Once again I realized how merciful God is and how in the midst of sadness and pain he can also give you blessings. I believe that losing a loved one is difficult for anyone and most often we drown ourselves in sadness and pain. But if we allow ourselves to open our hearts we can also see the blessings that are offered to us. Blessings that go beyond materialistic things, ones that fill our spiritual life and that give us reasons to keep living and become better human beings. Yes, the loss of my aunt was unexpected, but then again so were the blessings and it has reminded me of the importance of family and how we must always give love to those close to us.

I often wonder why we as human beings don’t realize all that we have until it’s gone.

Nuestras perdidas nos recuerdan el regalo de la Vida que Dios nos da

Por Marifer Cortes
Oficina de Pequeñas Comunidades de Fe

Desde la muerte de mi abuela hace tres años, mi familia inmediata no había vivido la perdida de un ser querido, no fue hasta principios de junio de este año, que vivimos la perdida de otro ser querido y de alguien muy cercana a mi familia; fue la muerte repentina de la hermana mayor de mi padre. Fue diagnosticada con cáncer y más o menos en tres semanas el Señor la había llamado con él.

Desde el diagnostico fue para mí, como una sacudida que la vida es corta y necesito gozarla, vivirla y compartirla con mis seres queridos. Es realmente impresionante como por pequeñeces nos podemos desviar y perderle sentido a la vida. La partida de mi tía nos sacudió a todos en mi familia, pero sin embargo la familia se unió más y constate una vez más que tan misericordioso es Dios y como rodeada de dolor y tristeza te llena de bendiciones. Creo que para nadie es fácil perder un ser querido y a menudo nos hundimos en nuestra tristeza y dolor pero si logramos abrir nuestro corazón hay muchas bendiciones que son para nosotros, bendiciones que van más allá de lo material, que llenan la vida espiritual y nos dan razones para seguir viviendo y ser mejores seres humanos. Sí, la partida de mi tía fue inesperada, pero así han sido las bendiciones, me ha recordado la importancia de la familia y vivir en cordialidad con los nuestros.

A menudo me pregunto, por que como seres humanos a veces no nos damos cuenta de lo mucho que tenemos hasta que lo vemos perdido.

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