Wednesday, February 17, 2010

The world at our door

By Bishop Gerald Barnes
Diocese of San Bernardino

Our faith calls us to be in solidarity with human beings all over the world. It is the essence of the universal church to which we belong. We are one family under God.

Does that idea live in our consciousness? Some of us innately have a global awareness; others acquire it through experience. But for many of us, the very real demands of the day, struggles in our personal life and other immediacies give us a full plate of things to think about and pray about.
But then something happens in a near or far corner of the world that places the reality of our global family front and center.

The tragic earthquake that struck Haiti on January 12 is such a moment. We witnessed horrifying destruction and death in a country that is already marked by extreme poverty and suffering. The stories and images of the earthquake have been hard to watch, but they have also stirred the spirit in us, connecting us in a meaningful way with our Haitian brothers and sisters.
This has been evident in our private and communal prayers, our faith sharing talks and in our willingness to share our financial resources with the people of Haiti so that they might survive and heal from this catastrophe. As of this writing, Americans have contributed nearly $140 million to the earthquake relief effort.

The earthquake in Haiti is not the only tragedy near our border that has captured our attention recently. The terrible violence in Mexico resulting from the illegal drug trade perhaps hits even closer to home. Some in our diocese have lost family and friends to this violence, others fear for the lives of family or have, themselves, gone into hiding. So much of our history as a diocese is tied to the Catholic Church in Mexico. Now we see this land plagued by bloodshed, and we carry the pain of our Mexican brothers and sisters with us.

Our diocesan ministry of Social Concerns has placed added emphasis on promoting global solidarity in our parishes. Perhaps the compassion that so many are feeling in the wake of the earthquake in Haiti and in response to the drug violence in Mexico can serve as a catalyst for this ministry. For it is an inevitable fact that there is hunger and oppression and violence afflicting members of our human family in places that we don’t see on CNN or the cover of the newspapers. We are no less obligated to pray for them, to seek justice for them and to keep them in our hearts.

As we prepare this month for our Lenten journey let us travel the desert with our brothers and sisters around the world. This is a time for prayer and reflection as we process the meaning of these international tragedies to our own faith life. And as a result we must decide – what are we willing to do about it?

Please join me in prayer for the consolation and healing of the Haitian people and for an end to the violence in Mexico.


El mundo a nuestra puerta
Por Obispo Gerald Barnes
Diocesis de San Bernardino

Nuestra fe nos llama a ser solidarios con los seres humanos en todo el mundo. Es la esencia de la iglesia universal a que pertenecemos. Somos una familia en Dios.
¿Tenemos ese concepto en nuestra conciencia? Algunos de nosotros tenemos una concientización global innata; otros la adquirimos con la experiencia. Pero para muchos de nosotros, las reales demandas del día en sí, dificultades en nuestra vida personal y otras necesidades primordiales nos llenan el plato de cosas en que pensar y por que rezar.
Pero luego sucede algo en un rincón cercano o lejano del mundo que pone la realidad de nuestra familia global enfrente y en el centro.

El trágico terremoto que sacudió a Haití el 12 de enero es ese momento. Vimos la horripilante destrucción y muerte en un país marcado ya por extrema pobreza y sufrimiento. Las historias e imágenes del terremoto han sido difíciles de ver, pero también han despertado el espíritu en nosotros, conectándonos de manera significativa con nuestras hermanas y hermanos haitianos.
Esto se ha hecho evidente en nuestras oraciones privadas y comunales, en nuestras sesiones para compartir la fe y en nuestra disposición de compartir nuestros recursos monetarios con el pueblo de Haití para que puedan sobrevivir y sanar de esta catástrofe. Hasta el momento en que escribí este artículo, los americanos han contribuido caso $140 millones al esfuerzo de asistencia en el terremoto.

El terremoto en Haití no es la única tragedia cerca de nuestra frontera que ha captado nuestra atención recientemente. La terrible violencia en México causada por el comercio ilegal de drogas tal vez nos afecta más de cerca. Algunos en nuestra diócesis han perdido familia y amigos a consecuencia de esta violencia, otros temen por la vida de familiares o ellos mismos han tenido que esconderse. Así que, mucha de nuestra historia como diócesis está ligada a la Iglesia Católica en México. Ahora vemos esta tierra plagada por el derramamiento de sangre y llevamos con nosotros el dolor de nuestras hermanas y hermanos mexicanos.

Nuestro ministerio diocesano de pastoral social ha puesto un énfasis adicional en promover en nuestras parroquias la solidaridad global. Tal vez la compasión que muchos están sintiendo después del terremoto de Haití y en respuesta a la violencia relacionada con las drogas en México puede servir como catalizador para este ministerio. Pues es un hecho inevitable que hay hambre y opresión y violencia que afligen a miembros de nuestra familia humana en lugares que no vemos en CNN o en primera plana en los periódicos. No estamos menos obligados a orar por ellos, procurar justicia para ellos y llevarlos en nuestro corazón.

Mientras nos preparamos este mes para nuestra jornada de Cuaresma, recorramos el desierto con nuestros hermanos y hermanas en todo el mundo. Este es un momento para orar y reflexionar mientras asimilamos lo que estas tragedias internacionales significan en nuestra propia vida de fe. Y como resultado debemos decidir - ¿qué estamos dispuestos a hacer al respecto?

Por favor únanse a mí en oración por el consuelo y sanación del pueblo haitiano y por un fin a la violencia en México.

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