Tuesday, March 2, 2010

El Censo es un ejercicio en la comunidad

Por Obispo Gerald Barnes
Diócesis de San Bernardino

El mes pasado comenzamos nuestra jornada de Cuaresma como hacemos cada año al marcarnos con cenizas. Es una manera muy pública de contarnos entre los pecadores en necesidad de arrepentimiento y gracia de Dios por nuestra salvación.

Es también una de las muchas maneras en la que nos expresamos como miembros de una comunidad. Lo hacemos en solidaridad con cada uno y también para que el público en general pueda entender claramente lo que creemos como católicos.

Como he escrito anteriormente, este llamado a menudo nos obliga a destacarnos abiertamente ante los demás. Este año nos llama literalmente a ponernos de pie y ser contados…en el Censo del 2010.

Aunque puede parecer inicialmente como burocrático y estadístico en naturaleza, el Censo tiene sus raíces en los valores que son fundamentales para nuestra fe – la justicia, la igualdad, y la misericordia. El Censo determina como el dinero federal se asigna entre las innumerables comunidades en America. También ayuda a establecer los limites para los distritos del Congreso que pretenden garantizar la justa representación de todas las personas en una zona determinada.

Cuando se ve a través de este objetivo, el Censo es una herramienta fundamental para compartir nuestros recursos con quienes más los necesitan, la cual en última instancia viene de Dios. Algunas de nuestras comunidades más pobres, no casualmente, han sido identificadas como las que fueron significativamente menos contadas en el censo del 2000, por consiguiente, perdiendo millones de dólares que se pudieran haber aprovechado para mejorar la vivienda. Por esta razón al hacer ustedes su parte en asegurar que se haga un conteo completo y preciso, de quienes viven en los condados de San Bernardino y Riverside, se puede tomar como una manera de “dar una ofrenda” durante esta Cuaresma.

Lamentablemente, el Censo llega en un momento cuando hay una mayor desconfianza del Gobierno entre algunos que necesitan ser contactados. De hecho, la aplicación de la ley de inmigración actual complica el Censo, pero esta es una cuestión separada que justifica nuestra oración continua por una resolución justa.

Es importante comprender que se han adoptado medidas para facilitar la participación de todos en el Censo. El formulario se ha simplificado en gran medida y por primera vez se imprimirá en español.

El Censo simplemente intenta identificar quienes viven en una zona determinada en un momento dado y no está interesado en absoluto con la cuestión del estatuto de ciudadanía o inmigración. Además, estamos seguros que la información facilitada al Censo no puede y no será compartida con ninguna otra agencia del Gobierno.

Habrá quienes lean estas palabras y se pregunten, por que pido con tanta insistencia la participación en el Censo. No hay lugar a duda, ¿cierto? La historia del censo muestra que esta no es la realidad para todos en nuestra diversa diócesis. Hay mucho en juego en este proceso si queremos un futro de esperanza no solo para nosotros, sino para todos. Así que…

Hagamos esto juntos como una comunidad de fe. ¡Hagámonos contar!

Census is an exercise in community

By Bishop Gerald Barnes
Diocese of San Bernardino

Last month we began our Lenten journey as we do every year by marking ourselves with the ashes. It is a very public way of counting ourselves as sinners in need of repentance and God’s grace for our salvation.

It is also one of many ways we express ourselves as a community. We do it in solidarity with each other and also so that the larger public can clearly understand what we believe as Catholics.

As I have written before, this calling often compels us to stand in the public square. This year it calls us literally to stand and be counted…in the 2010 Census.

While it may seem initially as bureaucratic and statistical in nature, the Census is rooted in values that are central to our faith – justice, equality, mercy. The Census determines how federal dollars are allocated among the countless communities in America. It also helps to set the boundaries for Congressional districts that are meant to ensure fair representation of all people in a given area.

When viewed through this lens, the Census is a critical tool for sharing the bounty that comes ultimately from God with those who most need it. Some of our poorest communities have, not coincidentally, been identified as being significantly undercounted in the 2000 Census, forfeiting millions of dollars that could have made them better places to live. So doing your part to ensure a complete and accurate count of all who live in San Bernardino and Riverside counties can be seen as a way to give alms during Lent.

Unfortunately, the Census comes at a time when there is heightened distrust of government among some who need to be counted. Indeed, the enforcement of current immigration law complicates the Census, but that is a separate issue that warrants our continued prayer for a just resolution.

It is important to understand that steps have been taken to make participation in the Census easier for all. The form has been simplified to a great extent and, for the first time, will be printed in Spanish.

The Census seeks simply to identify who is living in a given area at a given time, and is not concerned at all with the issue of citizenship or immigration status. Further, we are assured that information provided to the Census cannot and will not be shared with any other government agency.

Some may read these words and wonder why I advocate so strongly for participation in the Census. It’s a “no brainer,” right? Census history shows that this is not the reality for everyone in our diverse diocese. There is much at stake in this process if we want a future of hope not only for ourselves but for all.

So let’s do this together as a faith community. Let’s stand up and be counted!

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