Wednesday, March 17, 2010

What is Sin?

By Sister Mary Garascia, C.P.P.S.
Pastoral Coordinator, Holy Name of Jesus, Redlands

Turn away from sin and be faithful to the Gospel.

This prayerful petition was said as we received ashes on Ash Wednesday. But what is sin? In our grandmothers’ times, our Church defined sin mainly as breaking of a law of God or Church. There were lots of laws and people generally knew what they were. That simple understanding of sin has been broadened and nuanced in the last 50 years by our Church. That’s good, but an unintended consequence is that today we may find it more difficult to explain clearly to ourselves and others what sin is, and what turning away from sin means. This is the time of year when our children and our catechumens and candidates prepare for the sacrament of reconciliation. Let’s journey with them for the next few weeks as we think together about sin and our Catholic moral life.

Law still plays a part in our understanding of sin. The Ten Commandments and the six laws of the Church are spiritual markers. When we violate one of them, a “red flag” should go up. These laws tell us that we are in a serious area of moral life and that there is a serious moral expectation on the part of God and the Church which we are not meeting. Today our Church wants us to look not only at the law but at the bigger picture: the spiritual value behind the law which our lawbreaking is violating; and the relationships with God or others that our lawbreaking is harming.

Here are two examples: Lying violates the virtue or value of honesty which is needed in all human relationships. Without honesty, there cannot be trust. Without trust there cannot be covenants where fidelity is pledged—everything from business transactions, military oaths, and marriage vows would be at risk. One of our foundational ideas of God is that God is truth and so we put our trust in him. Thus there is no such thing as a “little lie.”

Second example: Missing Mass on Sunday without good reason violates our Church’s interpretation of the 3rd commandment, keep holy the Lord’s day. That commandment helps us (value) reverence God through the act of setting aside some precious time from our busy lives to speak to God and listen to God. We keep our relationship with God and with our Church members nourished.

As important as law is in thinking about sin, it is not the only thing to consider when we are trying to understand what sin is.




¿Qué es Pecado?

Por Hermana Mary Garascia, C.P.P.S.
Coordinador Pastoral, Sagrado Nombre de Jesús, Redlands
¡Arrepiéntete y cree en el Evangelio!

Cuando recibimos las cenizas el Miércoles de Ceniza, se nos pidió arrepentirnos de nuestros pecados. Pero, ¿Qué es pecado? En tiempo de nuestras abuelas, la Iglesia definía como pecado quebrantar la ley de Dios o de la Iglesia. Había muchas leyes y la gente normalmente sabía cuales eran. Esa simplista definición de pecado ha sido ampliada y matizada por nuestra Iglesia en los últimos 50 años. Esto es bueno, aunque haya tenido como consecuencia que hoy en día sea más difícil explicarnos, o explicar a otros, qué es pecado, y qué significa arrepentirse, convertirse. Esta es la época del año en que nuestros niños, o nuestros catecúmenos y candidatos se preparan para el sacramento de la reconciliación. Acompañémoslos durante las próximas semanas, pensando juntos sobre el pecado y nuestra vida moral Católica.

La ley aun tiene una parte importante en nuestra manera de entender el pecado. Los diez mandamientos y las seis leyes de la Iglesia son punto de referencia espiritual. Cada vez que violemos uno de estos mandamientos, debemos ver una "tarjeta roja" advirtiéndonos de la infracción. Estos mandatos nos dicen que estamos en un área delicada de la vida moral y que hay muy serias expectativas morales de parte de Dios y de la Iglesia que nos deben motivar a cumplirlos. Hoy nuestra Iglesia quiere que no miremos únicamente la ley, sino más allá: que pensemos en los valores espirituales que contiene esa ley, valores que quebrantamos cuando no la cumplimos; y el daño que causamos a nuestra relación con Dios y con el prójimo, cada vez que la infringimos.

Veamos dos ejemplos: Mentir viola la virtud o valor de la honestidad, necesaria en todas nuestras relaciones humanas. Sin honestidad no puede haber confianza. Sin confianza no pueden haber compromisos donde se promete fidelidad; estarían en peligro las transacciones comerciales, los juramentos militares y los votos matrimoniales. Una de nuestras ideas fundamentales de Dios es que El es la verdad misma y por eso hemos puesto nuestra confianza en El. No hay tales "mentiras piadosas".

Segundo ejemplo: No asistir a Misa un Domingo, sin excusa válida, contraría la interpretación de nuestra Iglesia del tercer mandamiento: Santificar las fiestas. Ese mandamiento nos pide darle la debida reverencia a Dios, dedicando un tiempo precioso, de nuestras ocupadas vidas, para hablar y escuchar a Dios. Así alimentamos nuestra relación con Dios y con los miembros de nuestra Iglesia.

Aunque la ley sea muy importante cuando reflexionamos sobre el pecado, no es lo único que debemos tener en cuenta cuando tratamos de entender que es el pecado.

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