Monday, July 19, 2010

La confirmación marca un nuevo comienzo

Por Obispo Gerald Barnes
Diócesis de San Bernardino


Junio marcó la conclusión de la temporada de confirmaciones y para mí, para el Obispo del Riego, Monseñor Wallace y el Padre Selección ha sido una vez más un privilegio y un obsequio el caminar con tantos que completan su iniciación cristiana en la Iglesia. Este año, casi 7,000 personas en nuestra diócesis fueron selladas con los dones del Espíritu Santo en el sacramento de confirmación y damos gracias a Dios por esta infusión de vida a nuestra Iglesia.

Este año me ha conmovido el espíritu entre quienes reciben la confirmación y sus familias. Están emocionados pero conservan la reverencia. La identidad católica, a la cual a menudo hacemos referencia, es el frente y el centro durante la temporada de confirmaciones. Este año he dicho que cuando veo la emoción de los padres de los confirmados, pienso que así deben sentirse los padres mormones cuando envían a sus hijos en su misión.

Estamos enviando a nuestros católicos recién confirmados a un tipo de misión, también. Al celebrar con ellos su plena iniciación en la Iglesia Católica, ruego a Dios para que vayan y sean testimonios de nuestra fe en sus familias, lugares de trabajo y comunidades. Esto es lo que significa ser católico. Vivir nuestra fe.

El año que sigue a la confirmación debe ser un tiempo para profundizar la comprensión que uno tiene de los misterios de Cristo, un periodo que llamamos la mistagogia. Puede haber muchas cosas compitiendo por nuestra tención en estos momentos: universidad, carrera, matrimonio, familia, por mencionar algunas.

Nosotros, quienes hemos acompañado a nuestros jóvenes (y algunos adultos también) hasta este punto de la jornada, no podemos asumir simplemente que “están listos.” Se les debe dar un buen recibimiento, animar y dar oportunidades, tanto formales como informales, para que practiquen nuestra fe. Ellos, junto con nosotros, deben continuar estudiando nuestra fe para que la vivan a mayor plenitud. La confirmación no es como una ceremonia de graduación. Es asumir nuestra función como testimonios de la presencia de Dios en nuestras vidas y un envío, como miembro de la Iglesia, a transformar nuestro mundo. Este mandato es para todos nosotros. Somos enviados al mundo como católicos, comprometidos a vivir nuestra vida de fe en cualquier vocación que elijamos. Debemos ser los nuevos apóstoles del Evangelio en nuestro mundo actual. Nuestra jornada no termina con la confirmación.

La analogía de aprender a montar una bicicleta funciona bien aquí. La confirmación se puede comparar con quitarle las llantitas para aprendices. Ahora comienza el verdadero viaje.
Por favor únanse a mí en oración por nuestros nuevos hermanos y hermanas en la fe. Que Dios continúe bendiciéndoles y acompañándoles en su caminar, siendo ellos un testimonio de la bondad de Dios para que las vidas de las personas se llenen de esperanza.


Confirmation marks a new beginning

By Bishop Gerald Barnes
Diocese of San Bernardino

June marked the conclusion of the confirmation season and for myself, Bishop del Riego, Monsignor Wallace and Father Seleccion it has once again been a privilege and a gift to journey with so many people completing their Christian initiation into the Church. This year, nearly 7,000 people in our diocese were sealed with the gifts of the Holy Spirit in the sacrament of confirmation and we give thanks to God for this infusion of life into our local Church.

I have been moved this year by the spirit amongst those being confirmed and their families. They are excited yet reverent. Catholic identity, to which we often refer, is front and center during confirmation season. I have said this year that when I witness the excitement in the parents of those being confirmed I think that it must be how Mormon parents feel when they are sending their child out on mission.

We are sending our newly confirmed Catholics on a kind of mission, as well. As we celebrate with them their full initiation into the Catholic Church I pray that they go out and be a witness to our faith in their families, workplaces and communities. This is what it means to be Catholic. To live our faith.

The year following confirmation should be a time of deepening one’s understanding of the mysteries of Christ, a period we call the mystagogia. There can be many things competing for our attention at this time: college, career, marriage, family, just to name a few.

For those of us who have accompanied our young people (and some adults as well) to this point in the journey, we cannot simply assume that they are “good to go.” They must be welcomed, encouraged and given opportunities, both formal and informal, to practice our faith. They, together with us, must continue to study our faith so that they might live it more fully.

Confirmation is not like a graduation ceremony. It is assuming our role as witnesses to God’s presence in our lives and a sending forth, as a member of the Church, to transform our world. This mandate is for us all. We are sent into the world as Catholics, committed to live our faith life in whatever vocation we choose. We are to be the new apostles of the Gospel in our world today. Our journey does not end with confirmation.

The analogy of learning to ride a bicycle works well here. Confirmation can be likened to removing the training wheels. Now the real riding begins.
Please join me in praying for our newest brothers and sisters in the faith. May God continue to bless them and walk with them, witnessing God’s goodness so that people’s lives are filled with hope.

No comments:

Post a Comment

We encourage dialogue in the spirit of Christian fellowship, however any offensive, hostile or messages that go beyond the scope of the blog topic will be censored.

Alentamos el diálogo en un espíritu de compañerismo cristiano, sin embargo, cualquier ofensiva, hostil o mensajes que van más del tema del blog será censurado.