Monday, November 29, 2010

Advent is the season of Hope

By Bishop Gerald Barnes,
Diocese of San Bernardino

The last word in our diocesan impact statement is ‘hope.’ As ministers of the Church of San Bernardino we talk often of a mission to fill lives with ‘hope’ through the impact of the gospel. Why do we use that word so much? Maybe because we know that where there is hope, there is intimacy with God. Where there is no hope, there is pain and sin. Seems pretty straightforward until you to try to reconcile hopefulness with what we sometimes encounter in our families, our communities and our society.

We see many things today that might chip away at our hope; wars that continue to claim the lives of our young people, a recession that has brought an unprecedented level of financial stress for many, and societal incivility that manifests itself in widespread media ranting, cyber bullying and physical violence. In our Church, we worry about the effect of mounting secularism, especially our youth. We struggle with issues that have public policy dimensions, such as immigration, marriage and capital punishment. And we’re also dealing with the painful re-emergence of the priest sex abuse crisis.
How do you hope in the face of all that?

As difficult as we might think it is today, the scriptures show us that history is littered with trial and tribulation, perhaps most vividly experienced in the passion of Jesus, himself. But it is also in the gospels that we find our eternal reason to hope. Beginning this month, we enter the season of Advent, a time when we are called to find within ourselves the hope and anticipation that was felt before the birth of the Christ child. Advent calls us to look for the light of the star of Bethlehem in the darkness of modern days.

But Advent isn’t just about revisiting the hope and anticipation that was felt before the birth of our Lord. This is the season when we reflect on the promise of the kingdom, fulfilled when He returns. In all of the day-to-day struggle of our lives, and even the tragedies we endure, we have hope because we know the reign of God is coming. Eternal life; a place at the heavenly table.

It is during Advent that we contemplate the immensity of this. We reach for God in prayer. We take measure of our relationship with Him. Are we prepared for the coming of Jesus the Christ?

There are key feast days and cultural traditions that take place during Advent. The Feast of the Immaculate Conception takes place on December 8 and is the patronal feast day of the United States. The feast day of Our Lady of Guadalupe, the patroness of our diocese, on December 12 is a high point of our year. Las Posadas and Simbang Gabi remind us of the faith and hope held by the Holy Family as they searched for the Lord’s birthplace.

Of course, we all look forward to the celebration of Christmas that is the natural culmination of Advent. Christmas is all the more joyful because it follows the patience and reflection that we experience during Advent.

Together, let us be reminded in this season that God is with us, Emmanuel. Let us see the light of Christ in our lives, knowing that his birth and the promise of his kingdom give us reason always to hope.

El adviento es el tiempo de esperanza

Por Obispo Gerald Barnes,
Diócesis de San Bernardino

La última palabra en nuestra declaración diocesana impacto es ‘esperanza’.  Como ministros de la Iglesia de San Bernardino hablamos a menudo de una misión de llenar vidas de ‘esperanza’ con el mensaje del Evangelio.  ¿Por qué usamos tanto esa palabra?  Tal vez porque sabemos que donde hay esperanza hay intimidad con Dios.  Donde no hay esperanza, hay dolor y pecado.  Parece muy simple, hasta que tratas de reconciliar la esperanza con lo que en ocasiones encontramos en nuestras familias, nuestras comunidades y nuestra sociedad.  

En la actualidad vemos muchas cosas que podrían minar nuestra esperanza; guerras que continúan cobrando las vidas de nuestros jóvenes, una recesión que ha traído un nivel sin precedentes de tensión económica para muchos e incivilidad social que se manifiesta en difundidos y altisonantes medios de difusión, acoso cibernético y violencia física.  En nuestra Iglesia, nos preocupa el efecto del creciente secularismo, especialmente nuestros jóvenes.  Enfrentamos con dificultad cuestiones que tienen dimensiones de política pública, tales como inmigración, matrimonio y pena capital.  Y enfrentamos también el doloroso resurgimiento de la crisis de abuso sexual por parte de sacerdotes. 

¿Cómo tener esperanza ante todo esto?

Aunque tal vez pensemos que la situación actual es de lo más difícil, las escrituras nos muestran que la historia está plagada de pruebas y tribulaciones, tal vez vividas más claramente en la pasión de Jesús mismo.  Pero es también en los evangelios que encontramos nuestra razón eterna para tener esperanza.  Comenzando este mes, entramos en el tiempo de Adviento, un tiempo en que somos llamados a encontrar en nuestros adentros la esperanza y anticipación que se sintió antes del nacimiento del niño Dios.  El Adviento nos llama a buscar la luz de la estrella de Belén en la oscuridad de los tiempos actuales.    

Pero el Adviento no es sólo revivir la esperanza y anticipación que se sintió antes del nacimiento de nuestro Señor.  Este es el tiempo en que reflexionamos sobre la promesa del reino, que se cumple en su segunda venida.  En todas las luchas cotidianas de nuestras vidas, y aun las tragedias que soportamos, tenemos esperanza porque sabemos que se avecina el reino de Dios.  La vida eterna; un lugar en el banquete celestial. 

Es durante el Adviento que contemplamos la inmensidad de esto.  Buscamos a Dios en la oración.  Medimos nuestra relación con Él.  ¿Estamos preparados para la venida de Jesucristo?

Hay fiestas y tradiciones culturales clave que tienen lugar durante el tiempo de Adviento.  La Fiesta de la Inmaculada Concepción tiene lugar el 8 de diciembre y es la fiesta patronal de los Estados Unidos.  La Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de nuestra Diócesis, el 12 de diciembre, es un punto cumbre de nuestro año.  Las Posadas y Simbang Gabi nos recuerdan la fe y esperanza de la Sagrada Familia mientras buscaban el lugar en que nacería el Señor. 

Por supuesto, todos esperamos con anticipación la celebración de la Navidad que es la culminación natural del tiempo de Adviento.  La Navidad es una gran alegría porque sigue a la paciencia y reflexión que vivimos durante el tiempo de Adviento. 

Juntos, recordemos en este tiempo que Dios está con nosotros, Emmanuel.  Veamos la luz de Cristo en nuestras vidas, sabiendo que su nacimiento y la promesa de su reino nos dan una razón para siempre tener esperanza.

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