Thursday, December 23, 2010

Keep the peace of Christmas all year long

By Bishop Gerald R. Barnes
Diocese of San Bernardino

“Peace on earth”

Many greeting cards and signs of the Christmas season offer us this phrase, reflecting the abundance of goodwill and joy that are present at this time of year. We feel peace in our hearts and we hope that our brothers and sisters all over the globe have the same feeling. For our Church this is rooted in the tremendous joy felt when God gifted us with the earthly presence of His son, our Lord Jesus Christ. I share this joy with you and I offer you my prayers and blessings for a Merry Christmas and a Happy New Year.

I also appeal to you that our prayers and wishes for peace extend beyond the Christmas season. Our world surely needs it on a year-round basis. As I write, there is an absence of peace in the Middle East, in Afghanistan, in Sudan, in Korea and in the drug violence that continues to plague our neighbor, Mexico. Our Christian brothers and sisters in Iraq and in the Holy Land are threatened by violence like never before. Please join me in asking God to protect and heal the victims of these conflicts and to change the hearts of those who would make war and violence. And also let us pray for the safety of our men and women in the armed forces.

Many are wishing for peace closer to home. Sometimes there is discord in our homes and families, in our relationships and within ourselves. In this way we can be in solidarity with the many in the world who seek their own kind of peace. Our God hears these cries and ignores not a one. 

It has been noted often – and indeed taught to us by our Lord – that meaningful peace can only be achieved when it occurs first and foremost in our own hearts. The kind of conversion that makes the beautiful phrase “peace on earth” more of a reality happens one heart at a time.

So with 2011 fast approaching how do we keep the peaceful feeling of Christmas with us throughout the year? When we seek to encounter Jesus in our daily lives through prayer, the Eucharist and fellowship with our bothers and sisters in faith; when we seek justice for the poor and vulnerable among us through participation in the civic process; and when we show our gratitude for the many gifts God gives us by sharing our abundance with those in great need.

It is well known that the birth of our Savior did not occur in the most peaceful circumstances. The Holy Family traveled a dangerous road and met with rejection on their way to the stable where the Lord was born. Perhaps God was showing us yet again that from the midst of turmoil and unrest the Light of the World shines. As we pray (and work) for peace this year, let us carry this hopeful message in our hearts.

“Let the peace of Christ rule in your hearts, since as members of one body you were called to peace. And be thankful.” (Colossians 3:15)


Conserven la paz de la Navidad durante todo el año
Por Obispo Gerald R. Barnes
Diócesis de San Bernardino

“Paz en la tierra”

Muchas tarjetas de Navidad y rótulos de la época navideña nos ofrecen esta frase, reflejando la abundancia de buena voluntad y alegría que se viven en este tiempo del año.  Sentimos paz en nuestros corazones y esperamos que nuestros hermanos y hermanas en todo el mundo sientan lo mismo.  Para nuestra Iglesia esto tiene sus raíces en la inmensa alegría que se sintió cuando Dios nos dio el regalo de la presencia terrenal de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo.  Comparto con ustedes esta alegría y les ofrezco mis bendiciones y oraciones por una Feliz navidad y un próspero Año Nuevo. 

Les pido también que nuestras oraciones y deseos de paz se extiendan más allá de la temporada navideña.  Ciertamente, nuestro mundo necesita de esto todo el año.  Mientras escribo estas líneas, hay una falta de paz en el Medio Oriente, en Afganistán, en Sudán, en Corea y en la violencia relacionada con las drogas que azota a nuestro país vecino, México.  Nuestros hermanos y hermanas cristianos en Irak y en Tierra Santa se ven amenazados por la violencia como nunca antes.  Por favor únanse a mí en oración para pedir a Dios que proteja y sane a las víctimas de estos conflictos y que cambie los corazones de quienes practican guerra y violencia.  Oremos también por la seguridad de nuestros hombres y mujeres en las fuerzas armadas. 

Muchos desean la paz más cerca.  A veces hay discordia en nuestros hogares y familias, en nuestras relaciones y dentro de nosotros mismos.  De esta manera podemos estar en solidaridad con los muchos en el mundo que buscan su propio tipo de paz.  Nuestro Dios escucha estos clamores y no ignora alguno. 

Se ha notado a menudo – y de hecho nuestro Señor nos lo enseñó – que la paz significante sólo se puede lograr cuando ésta ocurre antes que nada en nuestros propios corazones.  El tipo de conversión que hace de la hermosa frase “paz en la tierra” una mayor realidad ocurre en un corazón a la vez.   

Así que, con la rápida proximidad del 2011 ¿cómo conservamos ese sentimiento de paz  que trae la Navidad con nosotros durante todo el año?  Cuando tratamos de encontrar a Jesús en nuestras vidas cotidianas por medio de la oración, la Eucaristía y el compartir con nuestros hermanos y hermanas en la fe; cuando procuramos la justicia para los pobres y vulnerables entre nosotros mediante nuestra participación en el proceso cívico; y cuando mostramos nuestra gratitud por los dones que Dios nos ha dado compartiendo nuestra abundancia con los más necesitados. 

Es muy sabido que el nacimiento de nuestro Salvador no ocurrió en las circunstancias más tranquilas.  La Sagrada Familia recorrió un camino peligroso y sufrió rechazo en su camino al pesebre donde nació el Señor.  Tal vez de esta manera Dios nos mostraba una vez más que en la agitación y la zozobra brilla la Luz del Mundo.  Al orar (y luchar) por la paz este año, llevemos este mensaje de esperanza en nuestros corazones. 

“Que la paz de Cristo reine en sus corazones; a ella los ha llamado Dios para formar un solo cuerpo.  Y sean agradecidos”.  (Colosenses 3:15)

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