Tuesday, March 30, 2010

Celebración y reflexión en el Domingo de Ramos en Mecca

Por Petra Alexander
Directora, Ofecina de Asuntos Hispanos

Las palmas del desierto de Coachela se agitaron nuevamente con los cantos de Hosana! El Obispo Rutilio del Riego presidió una doble celebración: el Domingo de Ramos y el Día de César Chávez.

En la asamblea de Nuestra Señora de Guadalupe se percibía una esmerada preparación, todos bien dispuestos, con un orden ejemplar a pesar de que había una numerosa concurrencia afuera del templo, todos, con una mezcla de sentido festivo y a la vez, una reverencia solemne por tratarse del Domingo de Pasión con que se abre la Semana Mayor. Numerosos campesinos vestían orgullosos sus camisetas de la Unión Campesina y portaban sus distintivos, junto al altar, la imagen querida y recordada del líder que creyó en la justicia para los que trabajan la tierra.

Terminado el relato de la Pasión según san Lucas, el Obispo Rutilo en su homilía, nos invitó a seleccionar diversos sentimientos humanos que se entretejen, positivos y negativos. La Pasión es un escenario donde se asoman los más terribles sentimientos que puede experimentar la humanidad: la traición a la amistad, el orgullo, la arrogancia, la cobardía, el sufrimiento, la tortura y finalmente la muerte. Pero también hay sentimientos nobles: la compasión de las mujeres, la lealtad silenciosa de Nicodemo y sobre todo la inocencia de Jesús, su No desesperanza, su confianza sin límites en el Padre, que le coloca más allá de las humillaciones y su amor sin límites a los hombres que le pone siempre en la dimensión del perdón. Todos estuvimos representados en la Pasión y lo estamos aún. Todos necesitamos contemplar y meditar la Pasión buscando el lugar que nos corresponde en ese abanico de sentimientos.

Jesús en la cruz es la identificación de Dios con su pueblo oprimido y sufriente, con los presos injustamente condenados, con los crucificados a las situaciones precarias que pasan extrema necesidad, con los radicalmente rechazados. Un líder como César Chávez se solidarizó con los crucificados de su tiempo, abrazó esa cruz hacia la conquista de sus derechos como Hijos de Dios. Los que sufren en la tierra continúan demandando de nosotros ese abrazo solidario, compasivo y liberador. Así nuestro trabajo por la justicia se une a los méritos benditos de nuestro Salvador.

Terminada la Misa, en la explanada del Santuario, diversas agencias ofrecían información y servicios. Líderes comunitarios dirigieron mensajes de ánimo a la comunidad, animando a mantener vigorosa la herencia espiritual de César Chávez.

Celebration and reflection on Palm Sunday in Mecca
By Petra Alexander
Director, Office of Hispanic Affairs

The palms from the Coachella desert stirred once again with the songs from Hosanna! Bishop Rutilio del Riego chaired a double celebration: Palm Sunday and César Chávez Day.

At the assembly of Our Lady of Guadalupe, one could tell that everything was well prepared in detail. Everyone was willing to help and set order, even though there was a very large crowd outside the church. The atmosphere was a mixture of a festive day, yet an inspiring Passion Sunday, which is the day that begins Holy Week. Many wore their Farm Worker Union shirts proudly, representing their background. Beside the altar stood the beloved image of the leader who believed in justice for those who work the land.

After the reading of the Passion according to Luke, in his homily, Bishop Rutilio invited us to select different human feelings that are intertwined positive and negative. The Passion is a scenario where the most terrible feelings of humanity are experienced: the betrayal of friendship, pride, arrogance, cowardice, suffering, torture and ultimately death. But there are also noble feelings: compassion for women, the silent loyalty of Nicodemus and especially the innocence of Jesus; his unbounded confidence in the Father, which allows him to overcome humiliation and forgive. We were all represented in the Passion and still are today. We all need to contemplate and meditate on the Passion, looking for our rightful place in that range of feelings.

Jesus on the cross is God’s identification with his people who are oppressed and who are suffering, with prisoners wrongfully convicted, with the crucified who pass through extremely precarious situations, and to those who are radically rejected. César Chávez, as a leader, expressed solidarity with the crucified of his time; he embraced the cross to achieve their rights as children of God. Those who suffer on Earth continue to demand of us that supportive embrace, both compassionate and liberating. Thus, our work for justice joins the merits of our blessed Savior.

After Mass in the forecourt of the Shrine, various agencies offered information and services. Community leaders sent messages of encouragement to the community – “vigorously maintain the spiritual legacy of César Chávez.”

Wednesday, March 17, 2010

What is Sin?

By Sister Mary Garascia, C.P.P.S.
Pastoral Coordinator, Holy Name of Jesus, Redlands

Turn away from sin and be faithful to the Gospel.

This prayerful petition was said as we received ashes on Ash Wednesday. But what is sin? In our grandmothers’ times, our Church defined sin mainly as breaking of a law of God or Church. There were lots of laws and people generally knew what they were. That simple understanding of sin has been broadened and nuanced in the last 50 years by our Church. That’s good, but an unintended consequence is that today we may find it more difficult to explain clearly to ourselves and others what sin is, and what turning away from sin means. This is the time of year when our children and our catechumens and candidates prepare for the sacrament of reconciliation. Let’s journey with them for the next few weeks as we think together about sin and our Catholic moral life.

Law still plays a part in our understanding of sin. The Ten Commandments and the six laws of the Church are spiritual markers. When we violate one of them, a “red flag” should go up. These laws tell us that we are in a serious area of moral life and that there is a serious moral expectation on the part of God and the Church which we are not meeting. Today our Church wants us to look not only at the law but at the bigger picture: the spiritual value behind the law which our lawbreaking is violating; and the relationships with God or others that our lawbreaking is harming.

Here are two examples: Lying violates the virtue or value of honesty which is needed in all human relationships. Without honesty, there cannot be trust. Without trust there cannot be covenants where fidelity is pledged—everything from business transactions, military oaths, and marriage vows would be at risk. One of our foundational ideas of God is that God is truth and so we put our trust in him. Thus there is no such thing as a “little lie.”

Second example: Missing Mass on Sunday without good reason violates our Church’s interpretation of the 3rd commandment, keep holy the Lord’s day. That commandment helps us (value) reverence God through the act of setting aside some precious time from our busy lives to speak to God and listen to God. We keep our relationship with God and with our Church members nourished.

As important as law is in thinking about sin, it is not the only thing to consider when we are trying to understand what sin is.




¿Qué es Pecado?

Por Hermana Mary Garascia, C.P.P.S.
Coordinador Pastoral, Sagrado Nombre de Jesús, Redlands
¡Arrepiéntete y cree en el Evangelio!

Cuando recibimos las cenizas el Miércoles de Ceniza, se nos pidió arrepentirnos de nuestros pecados. Pero, ¿Qué es pecado? En tiempo de nuestras abuelas, la Iglesia definía como pecado quebrantar la ley de Dios o de la Iglesia. Había muchas leyes y la gente normalmente sabía cuales eran. Esa simplista definición de pecado ha sido ampliada y matizada por nuestra Iglesia en los últimos 50 años. Esto es bueno, aunque haya tenido como consecuencia que hoy en día sea más difícil explicarnos, o explicar a otros, qué es pecado, y qué significa arrepentirse, convertirse. Esta es la época del año en que nuestros niños, o nuestros catecúmenos y candidatos se preparan para el sacramento de la reconciliación. Acompañémoslos durante las próximas semanas, pensando juntos sobre el pecado y nuestra vida moral Católica.

La ley aun tiene una parte importante en nuestra manera de entender el pecado. Los diez mandamientos y las seis leyes de la Iglesia son punto de referencia espiritual. Cada vez que violemos uno de estos mandamientos, debemos ver una "tarjeta roja" advirtiéndonos de la infracción. Estos mandatos nos dicen que estamos en un área delicada de la vida moral y que hay muy serias expectativas morales de parte de Dios y de la Iglesia que nos deben motivar a cumplirlos. Hoy nuestra Iglesia quiere que no miremos únicamente la ley, sino más allá: que pensemos en los valores espirituales que contiene esa ley, valores que quebrantamos cuando no la cumplimos; y el daño que causamos a nuestra relación con Dios y con el prójimo, cada vez que la infringimos.

Veamos dos ejemplos: Mentir viola la virtud o valor de la honestidad, necesaria en todas nuestras relaciones humanas. Sin honestidad no puede haber confianza. Sin confianza no pueden haber compromisos donde se promete fidelidad; estarían en peligro las transacciones comerciales, los juramentos militares y los votos matrimoniales. Una de nuestras ideas fundamentales de Dios es que El es la verdad misma y por eso hemos puesto nuestra confianza en El. No hay tales "mentiras piadosas".

Segundo ejemplo: No asistir a Misa un Domingo, sin excusa válida, contraría la interpretación de nuestra Iglesia del tercer mandamiento: Santificar las fiestas. Ese mandamiento nos pide darle la debida reverencia a Dios, dedicando un tiempo precioso, de nuestras ocupadas vidas, para hablar y escuchar a Dios. Así alimentamos nuestra relación con Dios y con los miembros de nuestra Iglesia.

Aunque la ley sea muy importante cuando reflexionamos sobre el pecado, no es lo único que debemos tener en cuenta cuando tratamos de entender que es el pecado.

Wednesday, March 10, 2010

Jason Evert empowers youth at Notre Dame HS

By Annette Zaleski
Associate Superintendent of Catholic Schools

Have you ever had those moments when you knew a speaker was truly a gift from God? He or she was so dynamic you could almost see the Holy Spirit directly at work. These were my exact feelings as I observed Jason Evert (nationally renowned presenter and author dealing with topics related to Purity and Chastity) speak to the Notre Dame High School student body on Tuesday, March 9th in St. Catherine of Alexandria Church in Riverside. The church was packed with energetic high school student clamoring for seats of the "sex talk." As Associate Superintendent, I must admit I wondered - just for a second, how Jason was going to pull this off...how would the students hear the message...and most importantly would they embrace the message and live pure and chaste lives?

All my questions quickly vanished as Jason took complete control of over 500 students with is humor, hard facts, and personal stories of people who have lived through and struggled with living a pure and chaste life. There was no need for Jason run down the list of don'ts and shouldn'ts - the students know the lists all too well. Society bombards them with images, ideals, and expectations - all of which contradict the values of our Catholic traditions. The most important message Jason related to the students was that they were too valuable and too precious to carelessly and thoughtlessly give their virginity to just anyone. Virginity is a treasure reserved for the person we choose to marry. He asked students to close their eyes and imagine their future husband or wife - the person God has chosen for them! Jason encouraged the students to pray for themselves and for their future spouse to be strong in purity so that they may one day share their gift of virginity without hesitation or regrets. Realistically, Jason knows that some students may have already stumbled on this journey and given away this precious gift. For them, he encouraged a new start..."Go to Reconciliation - I am sure the priest will not be calling Rome to report any NEW sin category"...and live from this moment on for your future spouse.

Students definitely heard the message. They laughed when it was appropriate...they gasped when it was appropriate...and sighed when it was appropriate. Anyone who has worked with high school students, knows this is a feat in and of itself. The thoughtful quiet upon dismissal was deafening! It was a morning of hope, renewed commitment, and new beginning for the youth present. My hope and prayer is that the youth will continue to support one another in this commitment toward purity and chaste living, and that they find the courage to speak with their parents or trusted adults on the topic as well.

Tuesday, March 2, 2010

El Censo es un ejercicio en la comunidad

Por Obispo Gerald Barnes
Diócesis de San Bernardino

El mes pasado comenzamos nuestra jornada de Cuaresma como hacemos cada año al marcarnos con cenizas. Es una manera muy pública de contarnos entre los pecadores en necesidad de arrepentimiento y gracia de Dios por nuestra salvación.

Es también una de las muchas maneras en la que nos expresamos como miembros de una comunidad. Lo hacemos en solidaridad con cada uno y también para que el público en general pueda entender claramente lo que creemos como católicos.

Como he escrito anteriormente, este llamado a menudo nos obliga a destacarnos abiertamente ante los demás. Este año nos llama literalmente a ponernos de pie y ser contados…en el Censo del 2010.

Aunque puede parecer inicialmente como burocrático y estadístico en naturaleza, el Censo tiene sus raíces en los valores que son fundamentales para nuestra fe – la justicia, la igualdad, y la misericordia. El Censo determina como el dinero federal se asigna entre las innumerables comunidades en America. También ayuda a establecer los limites para los distritos del Congreso que pretenden garantizar la justa representación de todas las personas en una zona determinada.

Cuando se ve a través de este objetivo, el Censo es una herramienta fundamental para compartir nuestros recursos con quienes más los necesitan, la cual en última instancia viene de Dios. Algunas de nuestras comunidades más pobres, no casualmente, han sido identificadas como las que fueron significativamente menos contadas en el censo del 2000, por consiguiente, perdiendo millones de dólares que se pudieran haber aprovechado para mejorar la vivienda. Por esta razón al hacer ustedes su parte en asegurar que se haga un conteo completo y preciso, de quienes viven en los condados de San Bernardino y Riverside, se puede tomar como una manera de “dar una ofrenda” durante esta Cuaresma.

Lamentablemente, el Censo llega en un momento cuando hay una mayor desconfianza del Gobierno entre algunos que necesitan ser contactados. De hecho, la aplicación de la ley de inmigración actual complica el Censo, pero esta es una cuestión separada que justifica nuestra oración continua por una resolución justa.

Es importante comprender que se han adoptado medidas para facilitar la participación de todos en el Censo. El formulario se ha simplificado en gran medida y por primera vez se imprimirá en español.

El Censo simplemente intenta identificar quienes viven en una zona determinada en un momento dado y no está interesado en absoluto con la cuestión del estatuto de ciudadanía o inmigración. Además, estamos seguros que la información facilitada al Censo no puede y no será compartida con ninguna otra agencia del Gobierno.

Habrá quienes lean estas palabras y se pregunten, por que pido con tanta insistencia la participación en el Censo. No hay lugar a duda, ¿cierto? La historia del censo muestra que esta no es la realidad para todos en nuestra diversa diócesis. Hay mucho en juego en este proceso si queremos un futro de esperanza no solo para nosotros, sino para todos. Así que…

Hagamos esto juntos como una comunidad de fe. ¡Hagámonos contar!

Census is an exercise in community

By Bishop Gerald Barnes
Diocese of San Bernardino

Last month we began our Lenten journey as we do every year by marking ourselves with the ashes. It is a very public way of counting ourselves as sinners in need of repentance and God’s grace for our salvation.

It is also one of many ways we express ourselves as a community. We do it in solidarity with each other and also so that the larger public can clearly understand what we believe as Catholics.

As I have written before, this calling often compels us to stand in the public square. This year it calls us literally to stand and be counted…in the 2010 Census.

While it may seem initially as bureaucratic and statistical in nature, the Census is rooted in values that are central to our faith – justice, equality, mercy. The Census determines how federal dollars are allocated among the countless communities in America. It also helps to set the boundaries for Congressional districts that are meant to ensure fair representation of all people in a given area.

When viewed through this lens, the Census is a critical tool for sharing the bounty that comes ultimately from God with those who most need it. Some of our poorest communities have, not coincidentally, been identified as being significantly undercounted in the 2000 Census, forfeiting millions of dollars that could have made them better places to live. So doing your part to ensure a complete and accurate count of all who live in San Bernardino and Riverside counties can be seen as a way to give alms during Lent.

Unfortunately, the Census comes at a time when there is heightened distrust of government among some who need to be counted. Indeed, the enforcement of current immigration law complicates the Census, but that is a separate issue that warrants our continued prayer for a just resolution.

It is important to understand that steps have been taken to make participation in the Census easier for all. The form has been simplified to a great extent and, for the first time, will be printed in Spanish.

The Census seeks simply to identify who is living in a given area at a given time, and is not concerned at all with the issue of citizenship or immigration status. Further, we are assured that information provided to the Census cannot and will not be shared with any other government agency.

Some may read these words and wonder why I advocate so strongly for participation in the Census. It’s a “no brainer,” right? Census history shows that this is not the reality for everyone in our diverse diocese. There is much at stake in this process if we want a future of hope not only for ourselves but for all.

So let’s do this together as a faith community. Let’s stand up and be counted!