Friday, November 11, 2011

New missal is a step on the Way

By Bishop Gerald Barnes
Diocese of San Bernardino

Change is constant in our lives. We change jobs, we change our diet, we change schools, we change our hairstyle, we change where we live. Sometimes we initiate the change but more often it seems that change comes to us through circum­stances not of our making.

Beginning November 27 we, as Roman Catholics, will experience a change that seems rather significant in the way that we celebrate the Mass when we begin to use the new English translation of the Roman Missal. This is our “script” for Mass, con­taining the prayers, music and responses that articulate our communal worship of God and our acknowledgement of the real presence of the risen Christ. We don’t take the words that we say and sing at Mass lightly, so these changes will feel very foreign to us. Many of our parishes have begun to preview and practice them dur­ing Mass. Our priests, who have the most substantial number of changes to learn, continue to study and prepare in a variety of ways. I extend my deep gratitude to our priests, the diocesan Office of Worship, the Diocesan Liturgical Commission, the Of­fice of Continuing Education for Priests, and all in the parishes who are helping to prepare the people for the implementation of the new missal.

In reality, the new words will bring us closer to the intentions of the Church fa­thers who constructed the Roman Missal in Latin, the mother tongue of the Church for so many centuries. When we begin to study the changes, we also see a much stronger connection between what we will be saying and the scriptural foundation of the Mass. In the awkwardness of learning new words and phrases we will also have the opportunity to bring the meaning of the Mass more centrally into our conscious­ness. God blesses us with a love and a ca­pacity for absorbing new information, and so we experience joy in learning.

The introduction of the new translation coincides with the start of Advent, and looking at this change through the lens of Advent gives us a good perspective. We are invited during this season to look closer at our own relationship with God while at the same time understanding that the fulfill­ment of His kingdom is the ultimate des­tination for us and all of our brothers and sisters in Christ.

So if you are feeling the burden of hav­ing to learn the responses of the new trans­lation, I invite you to take the long view of Advent. As a community of believers we have our eyes set on something much big­ger, something eternal. We are patient and hopeful in this light, and we know that this change in our liturgy is just a step on our journey that we believe will bring us closer to God.

And as with all things Catholic, we will take this next step together. It is my Advent hope that we will take this change as an opportunity to draw closer to one another. We will stumble over the new words to­gether, we will discover the deeper mean­ings of the changes together, we will sing the new melody of the Gloria together, we will eventually learn to put away our mis­salettes together.

May God grant us patience and good will in this new journey of our Church. I offer my prayers to you for a blessed Ad­vent season.

El nuevo Misal es un paso en el largo camino al reino
Por Obispo Gerald Barnes
Diócesis de San Bernardino

El cambio es constante en nuestras vidas. Cambiamos de empleo, cambiamos nuestra dieta, cambiamos de escuelas, cambiamos el estilo de nuestro cabello, cambiamos de domicilio. A veces nosotros iniciamos el cambio pero en su mayoría parece que el cambio nos llega por circunstancias ajenas a nuestra voluntad.

Comenzando el 27 de noviembre, no­sotros, como católicos romanos, viviremos un cambio que parece muy notorio en la manera en que celebramos la Santa Misa cuando comencemos a utilizar la nueva tra­ducción al inglés del Misal Romano. Este es nuestro “guión” para la Misa y contiene oraciones, música y respuestas que articu­lan nuestro culto comunal a Dios y nues­tro reconocimiento de la presencia real del Cristo resucitado. No tomamos a la ligera las palabras que decimos y cantamos en la Misa, así que estos cambios nos parecen muy extraños. Muchas de nuestras par­roquias han comenzado a presentarlos y practicarlos durante la Misa. Nuestros sac­erdotes, quienes tienen el número mayor de cambios que aprender, continúan estu­diando y preparándose de varias maneras. Extiendo mi profundo agradecimiento a nuestros sacerdotes, a la Oficina Diocesana del Culto Divino, a la Comisión Litúrgica Diocesana, a la Oficina para la Educación Continua de Sacerdotes, y a todas las par­roquias que están ayudando a preparar al pueblo para la implementación del nuevo misal.

En realidad, las nuevas palabras nos acercarán más a las intenciones de los pa­dres de la Iglesia que recopilaron el Misal Romano en latín, la lengua madre de la Ig­lesia por tantos siglos. Cuando comenza­mos a estudiar los cambios, vemos también una conexión mucho más fuerte entre lo que vamos a decir y el fundamento bíblico de la Misa. En la incomodidad de aprender nuevas palabras y frases tendremos tam­bién la oportunidad de centralizar más el significado de la Misa en nuestra concien­cia. Dios nos bendice con un amor y una capacidad de absorber nueva información, y así sentimos la alegría de aprender.

La introducción de la nueva traducción coincide con el inicio del Tiempo de Advi­ento, y el mirar este cambio con los lentes de Adviento nos da una buena perspectiva. Se nos invita durante este tiempo a analizar con mayor detenimiento nuestra propia rel­ación con Dios al mismo tiempo que enten­demos que su reino es el destino final para nosotros y para todos nuestros hermanos y hermanas en Cristo.

Así que si se sienten agobiados por tener que aprender las respuestas de la nueva traducción, los invito a que lo hagan con la perspectiva de Adviento. Como comu­nidad de creyentes, tenemos nuestros ojos puestos en algo mucho más grande, algo eterno. Con esto en mente esperamos con paciencia y llenos de esperanza, y sabemos que este cambio en nuestra liturgia es sólo un paso en nuestro caminar que creemos nos acercará más a Dios.

Y como hacemos con todas las cosas católicas, tomaremos este próximo paso juntos. Mi esperanza de Adviento es que tomaremos este cambio como una oportu­nidad para acercarnos más los unos a los otros. Juntos nos confundiremos con las nuevas palabras, juntos descubriremos los significados más profundos de los cambios, juntos cantaremos la nueva melodía del Gloria, juntos aprenderemos finalmente a guardar nuestros misalitos.

Que Dios nos dé paciencia y buena vol­untad en esta nueva jornada de nuestra Ig­lesia. Ofrezco mis oraciones para que ten­gan ustedes un Tiempo de Adviento lleno de bendiciones.

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