Thursday, March 8, 2012

Encounter with Jesus is the heart of faith

By Bishop Gerald Barnes
Diocese of San Bernardino


Jesus invites us in Matthew’s Gospel to take refuge in him when we are weary and troubled. “Come to me all you who labor and are burdened…,” He calls to us.

This scripture is familiar to many and perhaps it has brought us comfort in difficult times. As we continue with our Lenten reflection and prayer, however, it may be worth examining how we respond to this invitation from the Lord. For it is not given for us to take or leave. His invitation and how we accept and act upon it is the oxygen of our faith. It lives in our hearts and brings us to renewal each day.
We are challenged by the ever-increasing busyness that permeates our lives to make the time and space necessary to nurture this relationship of the heart with our Lord. We can put time on our calendar for Mass or ministry work, we can put prayer on our “to do list,” but are we really connecting with Jesus Christ on a regular basis?

When we are unable to do this we suffer, our family suffers and our Church suffers. A heart devoid of Christ is given to bitterness, despair and selfishness. And no amount of experience in ministry, theology or even religious vocation makes us immune to this.

The major challenges that face us as a Church – moral confusion, burnout, loss of faith, disconnection from family, the intrusion of secular culture – they all, in some way, can be linked to our struggle to take rest in Jesus. The Holy Father, Pope Benedict XVI recognizes this fundamental concern and he is calling on all of us to seek renewal in our relationship with Christ and to reaffirm our identity as Roman Catholics. To help us do this together as a Church he has declared a “Year of Faith” that will begin in October, coinciding with the 50th anniversary of the Second Vatican Council. “We want this Year to arouse in every believer the aspiration to profess the faith in fullness and with renewed conviction, with confidence and hope,” Pope Benedict proclaimed in his apostolic letter, Porta Fidei, announcing the Year of Faith.

It will be a time for us to look with new eyes at the building blocks of our faith – prayer, liturgy, the sacraments, the Catechism, public witness and others – and to receive all that they have to offer us. Out of our own sense of renewal, it is hoped that the Year will engender a new sense of shared mission to extend God’s word and redeeming power to others; to turn back the tide of secularism that is rising especially high in Western Europe and the United States. This is what Church leaders are calling “The New Evangelization.” It is my hope and prayer that we will come to know and embrace this call in our diocese during the Year of Faith.

But please do not wait for the Year of Faith to strengthen your relationship with the Lord. As with any relationship, we need to nurture our bond with Jesus by faithfully giving him our time. We can do this through regular prayer, reflection on His words and teachings in the holy gospels and, of course, encountering Him in the celebration of the Eucharist.

I offer my prayers that the remainder of your Lenten journey will lead you to the peace, joy and salvation that come when we give ourselves anew to the Lord Jesus.

El encuentro con Jesús es el espíritu de la fe

Por Obispo Gerald Barnes
Diócesis de San Bernardino


En el Evangelio de Mateo Jesús nos invita a refugiarnos en él cuando estamos agobiados y afligidos. “Vengan a mí todos los que están cansados y afligidos…” nos dice.

Muchos conocen este pasaje y tal vez nos haya traído consuelo en momentos difíciles. Al continuar con nuestra reflexión y oración de Cuaresma, sin embargo, tal vez sea pertinente analizar la manera en que respondemos a esta invitación del Señor. Pues no se nos da para tomarla o dejarla. Su invitación y la forma en que la aceptamos y vivimos es el oxigeno de nuestra fe. Vive en nuestros corazones y nos renueva cada día.

La creciente actividad que impregna nuestras vidas es para nosotros un reto para hacer el tiempo y espacio necesarios para alimentar esta relación del corazón con nuestro Señor. Podemos reservar tiempo en nuestro calendario para la Misa o la tarea del ministerio, podemos incluir la oración en nuestra ‘lista de cosas por hacer’ pero, ¿estamos haciendo esa conexión con Jesucristo de manera constante?

Cuando no podemos hacerlo sufrimos nosotros, sufre nuestra familia y sufre nuestra Iglesia. Un corazón falto de Cristo cae presa de la amargura, la desesperanza y el egoísmo. Y ninguna cantidad de experiencia en ministerio, teología o hasta la vocación religiosa nos hace inmunes a esto.

Los mayores retos que enfrentamos como Iglesia – confusión moral, agotamiento, pérdida de fe, alejamiento de la familia, la intrusión de la cultura secular – todos ellos, de alguna manera, pueden estar vinculados a nuestra lucha por encontrar descanso en Jesús. El Santo Padre, el Papa Benedicto XVI, reconoce esta preocupación fundamental y nos llama a todos a buscar una renovación en nuestra relación con Cristo y a reafirmar nuestra identidad como católicos romanos. Para ayudarnos a hacerlo juntos como Iglesia, él ha declarado un Año de la Fe” que comenzará en octubre, coincidiendo con el cincuentenario del Concilio Vaticano Segundo. “Deseamos que este Año suscite en todo creyente la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza”, proclamó el Papa Benedicto en su Carta Apostólica, Porta Fidei, que anuncia el Año de la Fe.

Será un momento para que nosotros miremos con nuevos ojos los bloques que integran nuestra fe – oración, liturgia, los sacramentos, el Catecismo, testimonio público y otros – y recibir todo lo que estos tienen que ofrecernos. Inspirado por nuestro propio sentido de renovación, se espera que el Año engendrará un nuevo sentido de compartir la misión de extender la palabra de Dios y su poder redentor a otros; revertir la corriente del secularismo que se alza especialmente en el Occidente de Europa y los Estados Unidos. Esto es lo que los líderes eclesiásticos están llamando “La Nueva Evangelización”. Tengo la esperanza y ofrezco mis oraciones para que en nuestra diócesis lleguemos a conocer y responder a este llamado durante el Año de la Fe.

Pero por favor no esperen el Año de la Fe para fortalecer su relación con el Señor. Al igual que con cualquier otra relación, necesitamos alimentar nuestro vínculo con Jesús dándole fielmente nuestro tiempo. Podemos hacerlo por medio de la oración periódica, la reflexión sobre sus palabras y enseñanzas en los santos evangelios y, por supuesto, encontrándolo en la celebración de la Sagrada Eucaristía.

Ruego en mis oraciones para que el resto de su jornada de Cuaresma los lleve a la paz, alegría y salvación que vienen cuando nos entregamos de nuevo al Señor.


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