Sunday, April 8, 2012

Our Gift of Resurrection is to be shared

By Bishop Gerald Barnes
Diocese of San Bernardino

Today we receive God’s greatest gift to us – new life in the Resurrection of his Son, our Lord Jesus Christ. We feel the warmth of God’s love and the hope that He seeks to kindle in us perhaps stronger than on any other day of the year. I join you in this joyful exaltation. Alleluia! He is risen!

I also pose this question. What do we now do with the Good News that we have received?
Hopefully, our journey through Lent has allowed us to examine truths about our life and faith that have drawn us closer to God. Our faith is stronger “being more precious than gold, which is perishable, even though tested by fire...” (1 Peter 1:7).

The purification that we experience during Lent is not an end unto itself, however. As our diocesan vision states, “we are a community of believers… called to impact family, neighborhood and society…” This speaks to the importance of mission. The hope that we have received in the Resurrection is meant to be shared with all, for the good of all, through strong Christian witness in all of the circles we travel.

In his parable of the Ten Gold Coins (Lk. 19: 11-27), the Lord teaches us that those who take God’s gift of faith and multiply it find favor with Him, while those who burry it in fear do not. We can apply this to our sharing of the Good News this Easter season. It’s no accident that the Gospel is referred to as the Good News. News is information to be shared! Of course, this is a different kind of news than what we read in the paper or on-line or watch on television. It is our own story about how encountering Jesus has transformed us, and how that conversion is there for everyone to experience.

What does this calling mean to us in our everyday lives? Perhaps it means asking God through prayer and reflection how we can use the gifts and talents He has given us to bring the Good News to others. Perhaps it means recognizing that in our daily interactions with our brothers and sisters in Christ, in how we act and in what we say; we have the opportunity to share the Good News. Perhaps it means, for some of us, a realization that God is calling us to serve His Holy Church in religious life. Perhaps it is something as simple as resolving to worship and pray more faithfully with our parish community.

The Easter Season is a time of mystagogia, a deeper examination of the mysteries of our faith. We are called in a special way to accompany those who have received the sacraments of baptism, first Eucharist and confirmation at the Easter Vigil. They certainly must feel that their faith journey is just beginning. In the light of the Resurrection, you might say that is true for all of us.

I offer you my prayers for a joyous Easter Season. May God bless you.

Nuestro regalo de la Resurrección es algo para compartir

Por Obispo Gerald Barnes
Diócesis de San Bernardino

Hoy recibimos el regalo más grande que Dios nos da – vida nueva en la Resurrección de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Sentimos el calor del amor de Dios y la esperanza que Él procura infundir en nosotros tal vez más fuerte en este día que en cualquier otro día del año. Me uno a ustedes en esta exaltación jubilosa. ¡Ha resucitado!

Hago también esta pregunta. ¿Qué hacemos ahora con la Buena Noticia que hemos recibido?

Esperemos que nuestra jornada de Cuaresma nos haya permitido analizar verdades sobre nuestra vida y fe que nos han acercado a Dios. Nuestra fe es más fuerte “más valiosa que el oro, el cual es perecedero a pesar de haber sido purificado en el fuego…” (1 Pedro 1:7).

La purificación que vivimos durante la Cuaresma no termina en sí misma, sin embargo. Como lo expresa nuestra visión diocesana, “somos una comunidad de creyentes…llamados a impactar a la familia, el vecindario y la sociedad…” Esto habla de la importancia de la misión. Debemos compartir con otros la esperanza que hemos recibido en la Resurrección, por el bien de todos, por medio de un fuerte testimonio cristiano en todos los círculos que recorremos.

En su parábola de las Diez Monedas de Oro (Lc 19:11-27), el Señor nos enseña que quienes toman el regalo de la fe que Dios nos da y lo multiplican son de su agrado, mientras que quienes lo entierran por temor no le agradan. Podemos aplicar esto a nuestro compartir de la Buena Noticia en este Tiempo de Pascua. No es por accidente que al Evangelio se le llama la Buena Noticia. ¡Las noticias son información para compartir! Por supuesto, este es un tipo de noticias diferente a las que leemos en el periódico o en el Internet o que vemos en la televisión. Es nuestra propia historia sobre cómo el encontrar a Jesús nos ha transformado, y cómo esa conversión está ahí para que todos la vivan.

¿Qué significa para nosotros este llamado en nuestras vidas cotidianas? Tal vez significa preguntarle a Dios por medio de la oración y reflexión cómo podemos utilizar los dones y talentos que Él nos ha dado para llevar la Buena Noticia a otros. Tal vez significa reconocer que en nuestro trato diario con nuestros hermanos y hermanas en Cristo, en nuestra forma de actuar y en lo que decimos, tenemos la oportunidad de compartir la Buena Noticia. Tal vez significa para algunos de nosotros, reconocer que Dios nos está llamando a servir a su Santa Iglesia en la vida religiosa. Podría ser algo tan simple como tomar la decisión de alabar a Dios y orar junto con nuestra comunidad parroquial con una mayor fe.

El Tiempo de Pascua es un tiempo de mistagogia, un análisis más profundo de los misterios de nuestra fe. Somos llamados de una manera especial a acompañar a quienes han recibido los sacramentos del bautismo, primera comunión y confirmación en la Vigilia Pascual. Ciertamente, ellos deben sentir que su jornada de fe apenas comienza. En la luz de la Resurrección, ustedes podrían decir que esto resulta cierto para todos nosotros.

Les ofrezco mis oraciones por un Tiempo de Pascua lleno de gozo. Que Dios les bendiga.

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