Wednesday, May 30, 2012

Awards help us celebrate the gift of the Spirit

By Bishop Gerald Barnes
Diocese of San Bernardino


Our faith promises great reward in heaven. But who could argue that it’s nice to receive commendation once in a while for our earthly achievements at work, in sports, academics, the arts or in ministry. I can also tell you that, from my perspective, it’s just as gratifying to give someone an award as to receive one. 

In this Easter Season I have cherished the opportunity to honor 85 faithful servants of our local Church with various awards that are given by the diocese. I bestowed my Episcopal “Amar Es Entregarse” Award upon seven very deserving individuals at the Annual Bishop’s Dinner on Apr. 28. In May, we honored 78 people at our annual Diocesan Awards Ceremony which, for the first time, included an award category for youth. Some were honored for their many years of excellent service to the Church as diocesan or parish employees or clergy. Others received their award for their ser­vice to the Church and community-at-large in a specific area, such as education, deten­tion ministry, counseling, health care or immigration services.

Most of these awardees are laypersons and it is during these ceremonies that I am able to reflect on the tremendous contribu­tions of the laity to the faith life of the Dio­cese of San Bernardino. We are often re­minded of the large number of people who have stopped practicing our faith and in­deed this warrants our attention. But there are so many in our diocese who are pas­sionately committed to the Roman Catho­lic Church. The Holy Spirit is truly at work here and I am thankful to God and to all of you for what you do.

An element of the award ceremonies that I especially enjoy is the opportunity to hear the recipient’s story, the unique way in which they have been called to serve God and our Church. This is where we see powerful moments of conversion. We see people whose lives flow from an ongoing encounter with the Lord Jesus. In that way these awards and the gatherings where they are given are important for all of us. They are an opportunity to see the Spirit at work and hopefully for us to think about how God is calling us in our own lives to help build His kingdom.

When I met with Pope Benedict XVI in April during the Ad Limina visit to Rome I had the great privilege of addressing the Holy Father on the topic of the laity. In­deed, I addressed the need that we have to help more of our Catholic faithful enrich their faith life and seek a more deeply ex­perienced relationship with our Lord. But I also reported on the many good works per­formed by the lay faithful of the western states (California, Nevada and Hawaii) that I was representing. I am happy to report that the Pope and many of his delegates with whom we met during the Ad Limina were aware of and very affirming of the in­spiring work of the laity in our diocese and others that I represented.

God has blessed us with so many true disciples in our diocese. They don’t do their ministry for shiny statues or medals and there are so many more out there that I am certain are deserving of recognition. So I again extend my gratitude to all who are glorifying God in the example of their lives.

May He continue to bless you and keep you.

 
Los Reconocimientos nos ayudan a celebrar el don del Espíritu
Por Obispo Gerald Barnes
Diócesis de San Bernardino
 
Nuestra fe promete una gran recom­pense en el cielo. Pero quien podría negar que es agradable recibir reconocimiento de vez en cuando por nuestros logros ter­renales en el trabajo, los deportes, la edu­cación, las artes o el ministerio. Les puedo decir también que, según mi perspectiva, es tan satisfactorio darle a alguien un re­conocimiento como recibir uno.

En este Tiempo de Pascua, tuve la mar­avillosa oportunidad de homenajear a 79 fieles servidores de nuestra Iglesia local con varios reconocimientos que otorga la diócesis. Conferí mi Reconocimiento Episcopal “Amar Es Entregarse” a siete muy merecedores individuos durante la Cena Anual del Obispo el 28 de abril. En mayo, homenajeamos a 72 personas en nuestra Ceremonia Anual de los Recono­cimientos Diocesanos la cual, por prim­era vez, incluyó una categoría de recono­cimientos para jóvenes. Algunos fueron galardonados por sus muchos años de excelente servicio a la Iglesia como em­pleados parroquiales o diocesanos o cléri­gos. Otros recibieron su reconocimiento por su servicio a la Iglesia y comunidad en general en una área específica, tal como educación, ministerio en los reclu­sorios, consejería, cuidado de la salud o servicios de inmigración.

La mayoría de estos galardonados son laicos y es durante estas ceremonias que puedo reflexionar sobre las tremendas contribuciones de los laicos a la vida de fe en la Diócesis de San Bernardino. A menudo se nos recuerda el gran número de personas que han dejado de practicar nuestra fe y esto realmente amerita nues­tra atención. Pero hay tantos en nuestra diócesis que están sinceramente compro­metidos con la Iglesia Católica Romana. El Espíritu Santo está realmente activo aquí y yo doy gracias a Dios y a todos ustedes por lo que hacen.

Un elemento de la ceremonia de re­conocimientos que realmente disfruto es la oportunidad de escuchar la historia del galardonado, la manera peculiar en la que han sido llamados a servir a Dios y a nues­tra Iglesia. Es aquí donde vemos fuertes momentos de conversión. Vemos perso­nas cuyas vidas fluyen de un encuentro constante con el Señor Jesús. Por eso, estos reconocimientos y las reuniones en que se entregan son importantes para to­dos nosotros. Son una oportunidad para ver al Espíritu en acción y, espero, una oportunidad para que nosotros pensemos en cómo Dios nos está llamando en nues­tras propias vidas a ayudar a edificar Su reino.

Cuando me reuní con el Papa Benedicto XVI en abril durante la visita Ad Limina a Roma, tuve el gran privilegio de hablar con el Santo Padre sobre el tema de los laicos. De hecho, abordé la necesidad que tenemos de ayudar a un mayor número de nuestros fieles católicos a enriquecer su vida de fe y a buscar una relación más profunda con nuestro Señor. Pero también le informé sobre las buenas obras que hacen los fieles laicos de los estados del oeste (California, Nevada y Hawaii) que yo estaba representando. Tengo el gusto de informarles que el Papa y muchos de sus delegados con quienes nos reunimos durante la Ad Limina estaban concientes de esto y mostraron su apoyo a la labor inspiradora de los laicos en nuestra dióce­sis y en otras que yo representé.

Dios nos ha bendecido con tantos ver­daderos discípulos en nuestra diócesis. Ellos no sirven en su ministerio con el fin de recibir estatuillas o medallas bril­lantes y hay tantos más que estoy seguro merecen reconocimiento. Así que una vez más ofrezco mi gratitud a todos los que dan gloria a Dios con el ejemplo de sus vidas.

Que Dios continúe bendiciéndolos y protegiéndolos.

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