Thursday, January 16, 2014

La vida católica es de compartir el encuentro del Señor con otros

Por el Obispo Gerald Barnes
Diócesis de San Bernardino


Los siguientes son extractos de la homilía el Obispo Barnes dio el 15 de enero de 2014, en la parroquia de Nuestra Señora del Monte Carmel en Rancho Cucamonga.

Mis hermanos, todos nosotros sabemos lo que es la palabra: encontrar. Sabemos que es encontrar algo que estamos buscando. Si no sabemos dónde están las llaves, las buscamos por todos lados hasta por fin encontrarlas. También sabemos que es, encontrar algo que no esperábamos. Por ejemplo si me pongo una camisa y encuentro veinte dólares. Me siento como que gane la lotería. No me voy acordar mañana pero es una experiencia. Sabemos lo que es encontrar un trabajo después de buscar por meses y meses. También puede ser algo mucho más profundo, como encontrar a su amor. Sabemos lo que es encontrar.

Pero cuando es algo muy profundo, tenemos una memoria del evento con muchos detalles. Por ejemplo cuando encontraron a su amor, recuerdan donde estuvieron, que ropa ella llevaba, etc. Cuando es algo que es importante sabemos todos los detalles.

El evangelio hoy (Juan 1: 35-41) habla de unos encuentros. Habla de unos discípulos encontrando a Juan y luego a Jesus. Hay un encuentro allí cuando el evangelio menciona hasta la hora. Dice que eran las cuatro de la tarde. ¿Que significa eso? Es algo al que no le ponemos mucha atención. Hay algunos que tienen la curiosidad y preguntan, ¿porque pusieron eso? Para la mayoría de nosotros, si pusieran la una, las dos, las seis, no sería algo muy grande. Pero, ¿porque el evangelista, quien es Juan, puso las cuatro? Porque encontró a Jesus y eran como las cuatro de la tarde.

Cuando uno encuentra algo tan importante, se va acordar de los detalles. Cuando es ese tipo de encuentro, se queda marcado en la memoria. Cuando encontré al Señor, se me quedo marcado en el corazón y en mi memoria. Pero no se acaba ahí.

En el evangelio después que los discípulos encontraron al Señor, fueron a compartirlo. Cuando alguien encuentra al Señor, no lo puede tener solamente para sí mismo. Ya uno tiene una misión de compartirlo como Andres fue a compartir con su hermano Pedro. Si no comparten, no es estar en comunidad. En el Evangelio Andres dice: HEMOS encontrado al Mesías, HEMOS. Nosotros como cristianos vivimos este encuentro compartiendo con los demás como comunidad. Vamos a Dios en comunidad.

Hoy celebramos esta solemnidad en Guatemala, el Señor de Esquipulas. Para nuestros hermanos Guatemaltecos, esto es algo marcado en su corazón, en su mente, en su espiritualidad. Cada uno de ellos, pueden recordar cuando es que encontraron al Señor. Ellos pueden decir cuando eran las “cuatro de la tarde” para ellos, y como ellos lo han compartido con sus familiares y sus hijos. Esta es nuestra vida católica, de encontrar al Señor y compartir este encuentro con los demás. Es vivir nuestra fe como discípulos en misión. Como dice el Papa Francisco, somos discípulos misioneros.

Ahora nos toca a nosotros en esta fiesta a compartir esta memoria del encuentro con el Señor de Esquipulas, porque es esta memoria la que nos ayuda en tiempos difíciles. Su misión es de compartir su fe con sus hijos. Que sus hijos conozcan a Dios y el amor de Dios. Que sus hijos también sean discípulos misioneros. También necesitan compartir con la comunidad, con su parroquia, porque es otra manifestación de Jesucristo para nosotros.

Nosotros obispos estamos bien preocupados que muchos de los niños y adolescentes que no conocen a Dios. La mayoría nada más saben un poco de lo que enseñan en las clases de catequesis. Muchos saben muy bien las oraciones, pero ellos no pueden decir quién es Jesus. No lo conocen. Si no conocen a Dios que nos da la vida, que nos da la dignidad, que nos da la misión, lo van a buscar en otros lugares. Es el deber de toda la comunidad, no solo la familia, que les presentemos con historias, con cantos, con testimonios, quien es Jesus para nuestros hijos. No importa si no saben quién es el obispo, ni, en un sentido, quien es el papa, pero que sepan quién es Jesus. Que tengan ellos su encuentro con Jesus, su “cuatro de la tarde”.

Our Mission as Catholics: share your encounter with the Lord with others

By Bishop Gerald Barnes
Diocese of San Bernardino


The following are excerpts from a homily given at the Mass for Cristo de Esquipulas (Christ of Esquipulas) in Our Lady of Mount Carmel, Rancho Cucamonga on Jan. 15, 2014.


To the children: When I drove up here I almost got lost. It was dark and I couldn’t see very well. I went into the wrong parking lot and I couldn't get out. I almost hit a car and I was getting a little bit angry. And then I saw all these children and it made me so happy. They were giving me high fives and they were giving me the knuckles. They were shaking my hand and showing me their pictures. It made me very happy. I want to thank you all of you who were there waiting for me. I want to thank your teachers and your parents. 

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I want to say something else to the children. As I was getting in line and I saw all the flags, I saw one flag that is white and yellow. I saw the image on it. I said: “That’s the pope’s flag.” But the children didn't know. Then I asked, “Who is the pope?” They didn't know. So then I asked, “Who is the Bishop?” They didn’t know, except one girl who is in confirmation 2. She knew. But what I want to tell the children is that if you don’t know, ask. 

Don’t be afraid to ask. Ask your parents. Ask your abuelitos (grandparents). Why did we go to church tonight? What does this mean? What is this flag? Ask them. If they don’t know, then tell them: let’s go ask the deacon, he knows. Let’s go ask the priest. Don’t be afraid to ask. That is the only way to learn. Ask your parents about God. They know him and they want you to know him too.

Now brothers and sisters, we all know what it means to have an encounter. When we encounter something unexpected, we may have a memory of it. When we have a profound encounter, however, we then store a more detailed memory of it in our minds. For example, when a man finds his great love, he remembers every detail. He remembers where he was, what she was wearing, the style of her hair. When it is something very important, we seem to remember every detail.

The Gospel today (John 1: 35-41) speaks of this type of encounter. In John we see how some of the disciples have an encounter first with John the Baptist and later with Jesus. Interestingly, when one encounter occurs the Gospel includes the hour. It says it was about 4 in the afternoon. Why would this be included? It’s not something that we give much attention. There may be a couple of people that are curious and may ask what the significance of this may be. It probably wouldn't make much of a difference if the author would have said it was 1 p.m., or 2 p.m. or even 6 p.m. Why would they include this?

When one has an encounter that is so important, one remembers the details. This type of encounter, an encounter with God, is imprinted in your mind and in your heart. But it doesn't end there.

The Gospel continues from there saying that following this encounter with Jesus, the disciples shared their news. When you encounter the Lord, you don’t keep it to yourself. You have a mission to share it like Andrew shared his experience with his brother Simon Peter. If you don’t share you encounter with others, then you are not building community. In the Gospel Andrew says: WE have seen the Messiah, WE! We Christians live out this encounter by sharing it with others in the community. We journey to God as a community.

For our Guatemalan brothers and sisters, the image of Christ of Esquipulas is something that is imprinted in their heart and mind. Each one can say when they first encountered the Lord. They are able to share with us their “4 in the afternoon” moment. This is how we are to live our Catholic lives, by encountering the Lord and sharing it with others. It’s living our faith like disciples on mission. That’s what Pope Francis has called us to be: disciples on mission.

Your mission is to share your faith with your family, your children. Your children should come to know God and know of his great love. Your children should also be disciples on mission. Not only that, we need to share our faith with the rest of the community.

We bishops are worried because many children and teens don’t know Christ. They may attend catechesis and know their prayers just fine, but they can’t describe who Christ is for them. They don’t know him. If they don’t God, who gives us life, who gives us dignity, who gives us our calling, then they will search for meaning elsewhere. It is the responsibility of the entire community, not just the family, to show our children who Jesus is, through stories, through song, through testimony. It doesn't matter if they don’t know who the bishop is. In a way, it doesn't matter if they know who the pope is either. What does matter is that they know Jesus. May they have that encounter with Jesus, their “4 in the afternoon” moment.

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